Es importante buscar atención médica para todas las lesiones y problemas oculares significativos. Muchos de los problemas de los ojos que no son producto de una lesión, como el enrojecimiento doloroso del ojo, necesitan aún atención médica urgente. Las lesiones químicas en el ojo pueden ser causadas por accidentes laborales o por productos caseros comunes, como las soluciones de limpieza, químicos de jardinería, solventes o muchos otros tipos de químicos. Los humos y los aerosoles también pueden causar quemaduras químicas. En las quemaduras por ácidos, el oscurecimiento de la córnea generalmente se aclara y tiene buenas posibilidades de recuperación. Las sustancias alcalinas, como la cal, la lejía, los limpiadores para cañerías comerciales, y el hidróxido de sodio, que se encuentra en los equipos de refrigeración, pueden causar daño permanente a la córnea. Pueden presentarse daños continuos a pesar del tratamiento oportuno. Un cuerpo extraño, como suciedad o arena, puede entrar fácilmente en el ojo en cualquier momento. El dolor persistente y el enrojecimiento son indicativos de que se requiere tratamiento profesional. Los cuerpos extraños pueden constituir un riesgo para la vista o significar un daño para la córnea o el cristalino, si el objeto entra en el ojo. Asimismo, los cuerpos extraños lanzados a altas velocidades por parte de máquinas, pulidoras o el hecho de martillar metal sobre metal ofrece el más alto riesgo. Un ojo morado suele ser producto de un trauma directo al ojo o la cara. Ciertos tipos de fractura de cráneo pueden provocar hematomas alrededor de los ojos, incluso en ausencia de un trauma directo. Los hematomas son causados por el sangrado bajo la piel. El tejido alrededor de los ojos se torna oscuro y gradualmente morado, verde y amarillento antes de regresar a la normalidad dos semanas después. Por lo general, va acompañado de una hinchazón del párpado y de los tejidos alrededor de los ojos. Ocasionalmente, ha habido daños graves al ojo a causa de la presión ejercida por el tejido inflamado. Las hemorragias dentro del ojo pueden provocar reducción de la visión, glaucoma o daños a la córnea.
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