El examen físico por lo general revela un aumento del esfuerzo para respirar. Hay aleteo nasal evidente al tomar aire y los labios se pueden fruncir (la forma que adoptan los labios al silbar) al exhalar. Durante el período en que empeora la enfermedad, la inspección del tórax revela una contracción de los músculos que se encuentran entre las costillas (retracción intercostal) y el uso de los músculos accesorios de la respiración. La tasa respiratoria (la cantidad de respiraciones por minuto) puede estar elevada y se pueden escuchar las sibilancias a través de un estetoscopio. La radiografía de tórax puede mostrar un pulmón demasiado expandido y el TAC de tórax (TC) puede mostrar enfisema. La muestra de sangre tomada de la arteria (gases en sangre arterial) puede revelar niveles bajos de oxígeno (hipoxemia) y niveles altos de dióxido de carbono (acidosis respiratoria). Las pruebas de la función pulmonar muestran una disminución de la tasa de flujo de aire en el momento de exhalar y pulmones sobre-expandidos.
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