La infección comienza en los pulmones y se produce por la inhalación de las esporas de un hongo llamado Coccidioidesimmitis. Cerca de un 60% de las infecciones se resuelven sin siquiera causar síntomas y sólo se reconocen por una prueba cutánea de la coccidioidina que resulte positiva.
El otro 40% presenta síntomas que van de leves con apariencia de resfrío o gripe a graves como la neumonía. (Ver coccidioidomicosis.) En menos del uno por ciento de las infecciones, se presenta la enfermedad generalizada cuando el hongo se disemina desde los pulmones a través del torrente sanguíneo y compromete la piel, los huesos, las articulaciones, los ganglios linfáticos, el sistema nervioso central u otros órganos. Las personas de ascendencia africana o filipina y las personas que tienen un sistema inmune débil, como en el caso de los pacientes con SIDA, diabetes o que estén tomando medicamentos inmunosupresores, pueden desarrollar infecciones más graves. Ocasionalmente, la infección aguda puede transformarse en una enfermedad pulmonar crónica o se puede "reactivar" después de un período latente prolongado. La clave para sospechar la presencia de esta infección es el hecho de haber viajado a una región endémica como los estados de Arizona, California (especialmente el Valle de San Joaquín) y, en menor grado, la región oeste de Texas en los Estados Unidos.
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