| La hospitalización puede ser necesaria para realizar un diagnóstico o tratamiento de síntomas severos. El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas y si la regurgitación aguda es severa, generalmente como resultado de una endocarditis (infección de la válvula), un ataque cardíaco o ruptura de cuerdas (una de las estructuras que soportan la válvula mitral), puede ser necesaria una intervención quirúrgica de urgencia.
Los antibióticos se pueden prescribir si se presenta una infección bacteriana y los antiarrítmicos (medicamentos que regulan el ritmo cardíaco) pueden ser necesarios para controlar la arritmia, mientras que los vasodilatadores (medicamentos que dilatan los vasos sanguíneos) se utilizan para reducir el esfuerzo cardíaco. Los digitálicos se pueden utilizar para fortalecer los latidos del corazón y los diuréticos para eliminar el exceso de líquido en los pulmones. Los medicamentos anticoagulantes o antiplaquetarios pueden utilizarse para evitar la formación de coágulos si se presenta fibrilación auricular, ya que ésta aumenta las posibilidades de formación de coágulos. Sin embargo, este tratamiento se utiliza principalmente para la regurgitación mitral crónica. En casos de emergencia en los que no se puede mantener la presión sanguínea, se utilizan aparatos, como el balón de contrapulsación aórtica (BCPA) para reducir el reflujo y estimular el flujo de sangre hacia la aorta.
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