En lo posible, se debe identificar la causa de la pericarditis. En la mayoría de los tipos de pericarditis, es necesario tratar el dolor con analgésicos y se pueden prescribir medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINES) como aspirina e ibuprofeno o los corticosteroides, en algunos casos, para aliviar la inflamación del pericardio. Para eliminar el exceso de líquido acumulado en el saco pericárdico, se pueden utilizar diuréticos. La pericardiocentesis (evacuación del exceso de líquido en el saco pericárdico) puede ser recomendable si se acumula tanto líquido en el saco pericárdico que compromete la función cardíaca o causa un taponamiento cardíaco. La pericardiocentesis puede ser percutánea (utilizando una aguja para alcanzar el pericardio, guiada por una ecocardiografía, en la sala de procedimientos) o quirúrgica (realizada en el quirófano como cirugía menor).
La pericarditis bacteriana debe tratarse con antibióticos y, la pericarditis causada por hongos, con agentes antimicóticos. La pericardiectomía (corte o remoción parcial del pericardio) puede ser aconsejable si la pericarditis es crónica o recurrente u ocasiona pericarditis constrictiva.
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