Las arritmias se producen cuando el sistema de conducción eléctrica del corazón deja de funcionar correctamente. En condiciones normales, las aurículas y los ventrículos se contraen de una forma coordinada. En una fibrilación y flúter auricular, las aurículas son estimuladas a contraerse con demasiada rapidez y de manera diferente a la actividad normal que se origina del nódulo sinoauricular, lo que ocasiona una contracción inefectiva y descoordinada de las mismas en fibrilación auricular y un patrón de contracción con una organización peculiar en el flúter auricular. La condición puede ser causada por impulsos que son transmitidos a los ventrículos de forma irregular o por algunos impulsos que no son transmitidos. Esto hace latir a los ventrículos de manera irregular, lo cual conduce a un pulso irregular (y por lo general rápido) en la fibrilación auricular. Sin embargo, en el flúter auricular los ventrículos pueden latir rápidamente pero de manera regular. Si la fibrilación/flúter auricular es parte de una condición denominada síndrome del seno enfermo, los ventrículos pueden latir más lentamente de lo normal. Por lo tanto, durante la fibrilación auricular es posible que los ventrículos al latir muy rápido o muy lento no bombeen suficiente sangre para cumplir con las necesidades del cuerpo. Las causas subyacentes de la fibrilación y flúter auricular incluyen disfunción del nódulo sinusal (el "marcapasos natural" del corazón), así como una variedad de trastornos cardíacos y pulmonares como la enfermedad de las arterias coronarias, enfermedad cardíaca reumática, trastornos de la válvula mitral y pericarditis, entre otros. El hipertiroidismo, la hipertensión y otras enfermedades pueden producir arritmias, al igual que un alto consumo de alcohol (embriaguez) reciente. Algunos casos de fibrilación o flúter auricular se presentan asociados con un ataque cardíaco (infarto de miocardio) o poco después de cirugía del corazón. La fibrilación auricular puede afectar a hombres y mujeres. La prevalencia de la fibrilación auricular aumenta con la edad y varía de un caso por cada 200 personas para menores de 60 años hasta casi 9 casos por cada 100 personas para mayores de 80 años.
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