La mayoría de los ataques cardíacos son provocados por un coágulo que bloquea una de las arterias coronarias (los vasos sanguíneos que llevan sangre y oxígeno al músculo cardíaco). Por lo general, el coágulo se forma en una arteria coronaria que presenta un estrechamiento previo causado por cambios relacionados con aterosclerosis. La placa aterosclerótica (acumulación) dentro de la pared arterial algunas veces se rompe y desencadena la formación de un trombo o coágulo. El coágulo en la arteria coronaria interrumpe el flujo de sangre y oxígeno al músculo cardíaco, lo que lleva a la muerte de las células cardíacas en esa zona. El músculo cardíaco dañado pierde permanentemente la capacidad de contracción y el resto del músculo necesita compensar esa pérdida. En raras ocasiones, el estrés súbito abrumador puede desencadenar un ataque cardíaco. Es difícil estimar con exactitud qué tan común es el ataque cardíaco, ya que muchos pacientes mueren antes de buscar asistencia médica (probablemente hasta 200.000 a 300.000 en los Estados Unidos por año). Se estima que aproximadamente 1 millón de pacientes visitan el hospital cada año con algún tipo de IM como su diagnóstico principal. Los factores de riesgo para enfermedad de las arterias coronarias y ataque cardíaco incluyen: Se han evidenciado nuevos factores de riesgo para enfermedad de las arterias coronarias en los últimos años, incluyendo niveles elevados de homocisteína y de proteína C reactiva. Los niveles de homocisteína se pueden tratar con suplementos de ácido fólico en la dieta y se sigue investigando sobre el valor práctico de estos nuevos factores. El dolor en el pecho es el síntoma principal de un IM, pero en muchos casos el dolor puede ser sutil o incluso inexistente, sobre todo en los ancianos y los diabéticos. También pueden predominar otros síntomas como debilidad, dificultad para respirar, náuseas y vómitos. El ataque cardíaco representa 1 de cada 5 muertes y es una causa importante de muerte súbita en los adultos.
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