El esófago es un tubo muscular que sirve como un conducto para el paso del alimento y líquido desde la boca hasta el estómago. La perforación es la presencia de un orificio a través del cual los contenidos del esófago pueden pasar al mediastino (el área alrededor del tórax), lo cual a menudo ocasiona infección del mediatino o mediastinitis. La causa más común (más del 75% de los casos) de perforación del esófago es la lesión durante un procedimiento médico de diagnóstico tal como una esofagoscopia (un procedimiento para examinar el esófago) o la colocación de una sonda nasogástrica. El esófago también puede resultar perforado como consecuencia de procesos patológicos como un tumor o reflujo gástrico con ulceración, un problema mecánico como un esfuerzo violento por vomitar y el vómito, ingestión de un cuerpo extraño o agentes cáusticos. Entre las causas aún menos comunes se encuentran las lesiones por trauma penetrante o contundente, o lesión del esófago durante una intervención a otro órgano cercano al esófago. También se han presentado rara vez casos asociados con parto, defecación, convulsiones, levantamiento de pesas o deglución forzosa.
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