La apendicitis es una de las causas más comunes de cirugía abdominal de emergencia en niños. Anualmente, se realizan cerca de 4 apendicectomías por cada 1.000 niños menores de 18 años en los Estados Unidos. Es más común en hombres que en mujeres y la mayor incidencia está al final de la adolescencia y alrededor de los 20 años. Este padecimiento no es común en menores de dos años, pero puede ocurrir. Generalmente aparece después de una obstrucción del apéndice por heces (fecalito), por un cuerpo extraño o en raras ocasiones por un tumor. La presentación clásica de la apendicitis comienza con dolor tipo calambre o "cólico" al rededor del ombligo (periumbilical). Por lo general, hay disminución marcada o pérdida total del apetito, a menudo asociada con náuseas y de vez en cuando con vómitos y fiebre baja. A medida que aumenta la inflamación en el apéndice, el dolor tiende a irradiarse hacia abajo y a la derecha (cuadrante inferior derecho, CID) y se localiza directamente sobre el apéndice en un punto llamado "punto de McBurney". Si se dibuja una línea desde el ombligo hasta la prominencia de la pelvis derecha (cresta ilíaca superior derecha) y se divide en tercios, el punto McBurney está a 2/3 del ombligo. El niño puede estar bastante sensible cuando se oprime el abdomen sobre el punto McBurney. Cuando se presiona el abdomen en el lado izquierdo, se sostiene la presión por un momento y luego se suelta rápidamente, el niño puede experimentar un aumento momentáneo del dolor. Esta "sensibilidad de rebote" sugiere que la inflamación se ha extendido hasta el peritoneo. Si el apéndice se rompe, el dolor puede desaparecer por un período muy corto y el niño siente una mejoría repentina. Sin embargo, en poco tiempo se establece la peritonitis, vuelve el dolor y el niño empeora progresivamente. En este momento, el abdomen puede tornarse rígido y extremadamente sensible. Los síntomas de la apendicitis en niños pequeños rara vez son los clásicos, por lo que con frecuencia el diagnóstico se retrasa y es más probable que ocurra la perforación. El diagnóstico en niños más grandes y adolescentes es más fácil.
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