Aunque la mayoría de los casos de colecistitis se resuelven por sí solos, se recomienda la cirugía para extraer la vesícula biliar (colecistectomía) cuando la inflamación recurre o persiste con frecuencia. Esta operación se debe realizar tan pronto como sea posible después del inicio de la colecistitis, a menos que el paciente esté enfermo, o si se cree que la inflamación ha estado presente por muchos días. De vez en cuando, en los pacientes muy enfermos, se puede colocar una sonda a través de la piel para drenar la vesícula hasta que el paciente se recupere de la enfermedad aguda y esté apto para someterse a la cirugía. La operación para extirpar la vesícula biliar se llama colecistectomía y en la mayoría de los casos se lleva a cabo laparoscópicamente, haciendo pequeñas incisiones (1 cm) en el abdomen, a través de las cuales se pasan los instrumentos y una cámara de fibra óptica. La operación se realiza utilizando pequeños instrumentos, mientras el cirujano observa la imagen en un monitor de video. La colecistectomía laparoscópica ocasiona menos dolor y períodos de hospitalización más cortos que la operación abierta. En caso de presentarse mucha inflamación, dificultad para definir la anatomía o sangrado profuso, es posible que sea necesario pasar de colecistectomía laparoscópica a una operación abierta, haciendo una incisión más grande. La cirugía de emergencia se hace cuando se presenta gangrena (muerte del tejido), perforación, pancreatitis, o inflamación del conducto biliar común. El tratamiento no quirúrgico consiste en el control del dolor, uso de antibióticos para eliminar la infección y una dieta baja en grasa cuando la comida sea tolerada después del ataque agudo.
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