La hepatitis alcohólica usualmente ocurre por el consumo excesivo de alcohol durante años. A mayor duración y cantidad del consumo de alcohol, mayor es la probabilidad de desarrollar enfermedad hepática. La desnutrición se desarrolla como resultado de la ingesta de calorías vacías del alcohol, disminución del apetito y malabsorción (absorción inadecuada de nutrientes del tracto intestinal), lo cual contribuye a que se presente la enfermedad hepática. La toxicidad del etanol para el hígado, la susceptibilidad individual a enfermedad hepática inducida por el alcohol y factores genéticos también contribuyen al desarrollo de la enfermedad hepática producida por el alcohol. Este tipo de enfermedad hepática no afecta a todos los bebedores permanentes y las mujeres pueden ser más susceptibles que los hombres. Sin embargo, el hecho de embriagarse no es esencial para el desarrollo de la enfermedad. En algunos tomadores, la tasa del metabolismo del alcohol puede ser tan elevada que les permite el consumo de grandes cantidades de alcohol, sin elevar el nivel de alcohol de la sangre a concentraciones detectables por medio de alcoholímetros convencionales.
Los cambios comienzan en el hígado con inflamación (hepatitis) y progresa a grasa en el mismo y cirrosis, la cual es la fase final de la enfermedad. Es posible que no se presenten síntomas hasta que la enfermedad esté relativamente avanzada. Las complicaciones graves están asociadas con enfermedad avanzada como la encefalopatía alcohólica (daño al tejido cerebral) e hipertensión portal (presión sanguínea alta en el hígado).
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