El objetivo del tratamiento es proporcionar medidas de apoyo tales como el reemplazo de líquido por infusión intravenosa (IV), administración de analgésicos para el alivio del dolor y supresión de la ingesta de líquidos y alimentos por vía oral para restringir la actividad pancreática que empeora los síntomas. Ocasionalmente, se puede requerir succión nasográstrica cuando hay vómito persistente, dolor fuerte o si se desarrolla un íleo paralítico. La recurrencia de un ataque se puede prevenir tratando la condición subyacente. Algunas veces, se recomienda la terapia endoscópica (utilizando un endoscopio, aparato con una luz que permite observar el interior de una cavidad del cuerpo) para la extirpación de los cálculos biliares que estén bloqueando la secreción pancreática. En los casos graves, se puede extirpar el páncreas.
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