La encefalopatía hepática es una condición médica aguda que puede llegar a representar una emergencia médica y que requiere hospitalización. Los objetivos del tratamiento son, entre otros, brindar una terapia de soporte vital, eliminar o tratar los factores precipitantes y eliminar o neutralizar el amoníaco y otras toxinas. La terapia de soporte vital puede incluir asistencia respiratoria o circulatoria, especialmente cuando se presenta coma. Además, se puede desarrollar un edema cerebral potencialmente mortal. Se deben identificar y tratar los factores precipitantes: el sangrado gastrointestinal debe detenerse y retirar la sangre de esta área, ya que ésta se descompone en elementos proteínicos que se convierten en amoníaco. Es importante tratar las infecciones, la insuficiencia renal y las anomalías en los niveles de electrolitos (especialmente potasio). En pacientes con casos repetitivos y severos de encefalopatía, se recomienda reducir proteína en la dieta para disminuir la producción de amoníaco. Sin embargo, es importante la asesoría dietética, ya que muy poca proteína en la dieta puede contribuir a la desnutrición. Asimismo, puede ser necesaria la alimentación con fórmulas especiales por vía intravenosa o entérica para pacientes graves. La lactulosa se puede suministrar para prevenir que las bacterias intestinales produzcan amoníaco y como un laxante que facilita la evacuación de sangre intestinal. La neomicina también se puede utilizar para disminuir la cantidad de amoníaco que producen las bacterias intestinales. En lo posible, se deben evitar los sedantes, los tranquilizantes o cualquier otro medicamento que sea metabolizado o excretado por el hígado, al igual que los medicamentos que contengan amoníaco (como ciertos antiácidos). Finalmente, se pueden recomendar otros medicamentos y tratamientos que ofrecen resultados variables.
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