La diabetes es una enfermedad de por vida para la cual todavía no se ha encontrado cura. La causa es un problema en la forma en que el cuerpo produce o utiliza la insulina, que es una sustancia necesaria para que la glucosa se desplace desde la sangre hasta el interior de las células. Si la glucosa no se introduce en las células, el cuerpo no puede utilizarla para producir energía. El exceso de glucosa permanece en la sangre y luego es eliminada por los riñones, con lo que se presentan síntomas como sed excesiva, micción frecuente, hambre, fatiga y pérdida de peso. Existen varios tipos de diabetes: - La diabetes tipo I, que requiere un reemplazo total de insulina para preservar la vida.
- La diabetes tipo II, que se relaciona con la resistencia a la insulina, la obesidad, el colesterol alto y la presión sanguínea alta.
- La diabetes mellitus gestacional, que se presenta durante el embarazo.
La diabetes afecta hasta el 6% de la población en EE.UU. y la diabetes tipo II es responsable del 90% de los casos. Uno de los principales componentes de la diabetes tipo II es la resistencia a la insulina, a nivel de la grasa y las células musculares. Esto quiere decir que la insulina que el páncreas produce no se puede conectar con las células para permitir que la glucosa entre y produzca energía, lo cual causa hiperglicemia (niveles altos de glucosa en la sangre). Para compensar, el páncreas produce más insulina. Las células sienten este torrente de insulina y se tornan más resistentes, lo que ocasiona niveles de glucosa altos y a veces altos niveles de insulina. Una persona con diabetes mellitus tipo II a menudo no requiere inyecciones de insulina y el tratamiento primario consiste en hacer dieta y ejercicio. Por lo general, la enfermedad evoluciona gradualmente. En el momento del diagnóstico, del 75 al 80% de las personas sufre obesidad, pero la enfermedad también puede desarrollarse en personas delgadas, especialmente de edad avanzada. La genética juega un papel importante en el desarrollo de la diabetes tipo II y los antecedentes familiares de la enfermedad son un factor de riesgo. Sin embargo, los factores ambientales, como un nivel bajo de actividad y una dieta deficiente, pueden aumentar el riesgo de una persona a desarrollar diabetes tipo II. Otros factores de riesgo son los siguientes: raza/etnia (afroamericanos, hispanoamericanos, nativos americanos, asiático-americanos, habitantes de las islas del pacífico), edad superior a 45 años, intolerancia a la glucosa previamente identificada, hipertensión (presión sanguínea alta), colesterol HDL de menos de 35 y/o niveles de triglicéridos superiores a 250, antecedentes de diabetes mellitus gestacional o bebés con un peso de más de 4 kg (9 libras).
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