Los objetivos del tratamiento son aliviar los síntomas agudos y prevenir los ataques posteriores. Los ataques casi nunca son lo suficientemente graves como para requerir tratamiento de emergencia, sin embargo, si son repetitivos pueden empeorar la debilidad, en cuyo caso es necesario realizar tratamiento para prevenirlos, tan pronto como sea posible. La administración de glucosa o de otros carbohidratos (azúcares) durante los ataques puede reducir la gravedad. Para detener los ataques súbitos se puede administrar calcio o diuréticos, como la furosemida, intravenosos. La glucosa y la insulina intravenosas hacen que el potasio se mueva hacia la célula y pueden reducir la debilidad sin que se presente ninguna pérdida del potasio corporal total. Se puede recomendar una dieta alta en carbohidratos. La acetazolamida, un medicamento que previene los ataques de parálisis periódica familiar, también es efectiva en la prevención de los ataques de parálisis periódica hipercaliémica. Los diuréticos de tiazida como la clorotiazida también son efectivos y ocasionan menos efectos secundarios que la acetazolamida.
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