Las personas que sufren de diabetes carecen de insulina, una hormona necesaria para permitir que el cuerpo utilice la glucosa (un azúcar simple) como fuente de energía, y cuando el cuerpo no dispone de dicha glucosa, la grasa corporal se descompone en su lugar. Los subproductos del metabolismo de las grasas son las cetonas, las cuales se acumulan en la sangre cuando el cuerpo metaboliza dichas grasas y "salen" a la orina. Cuando la sangre se vuelve más ácida que los tejidos del organismo se desarrolla lo que se denomina una cetoacidosis. Los niveles de glucosa en la sangre se elevan, generalmente por encima de los 300 mg/dL, debido a que el hígado produce glucosa para tratar de combatir el problema y a que las células no pueden absorber la glucosa sin insulina. La cetoacidosis diabética puede llevar al diagnóstico inicial de diabetes tipo 1, ya que a menudo es el primer síntoma que hace que la persona busque asistencia médica. También puede ser el resultado del aumento de las necesidades de insulina en una persona a la que ya se le ha diagnosticado la diabetes tipo 1. En tal caso, una infección, un trauma, un ataque cardíaco o una cirugía pueden llevar a que se presente cetoacidosis diabética. Las personas con diabetes Tipo 2 suelen desarrollar cetoacidosis sólo bajo condiciones de estrés extremo y la recurrencia de los episodios se debe, por lo general, al mal cumplimiento de las dietas y del tratamiento.
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