Las plaquetas son células sanguíneas esenciales para la coagulación de la sangre. Los trastornos plaquetarios puede incluir: un número inapropiado de plaquetas (demasiadas o muy pocas) o una cantidad normal, pero con un funcionamiento inadecuado. Cualquier trastorno que se relacione con las plaquetas afecta la coagulación sanguínea. Los trastornos de la función plaquetaria pueden ser causados por enfermedades congénitas o por condiciones adquiridas. En este último caso, se presenta un funcionamiento inapropiado de las plaquetas a causa de otra enfermedad o condición (adquirida). En muchos casos, el conteo de plaquetas puede ser normal o incluso elevado, pero se pueden presentar indicios de sangrado. Los trastornos mieloproliferativos tales como la trombocitopenia primaria, la policitemia vera, la leucemia mielógena crónica y la mielofibrosis; al igual que otras enfermedades como la insuficiencia renal, el mieloma múltiple y medicamentos tales como la aspirina, los antiinflamatorios, la penicilina, las fenotiazidas, la prednisona (cuando se usa por mucho tiempo) y otros pueden provocar anomalías en el funcionamiento de las plaquetas.
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