La gangrena gaseosa ocurre como resultado de la infección por Clostridium, especies bacterianas que bajo condiciones anaeróbicas (poco oxígeno), producen toxinas capaces de llevar a la muerte tisular y los síntomas asociados. La gangrena gaseosa no es común y sólo se presentan de 1.000 a 3.000 casos al año en los Estados Unidos. Generalmente, la enfermedad se presenta en el sitio de un trauma o una herida quirúrgica reciente. Cerca de un tercio de los casos se presenta de manera espontánea y los pacientes a menudo tienen una enfermedad vascular subyacente (aterosclerosis o endurecimiento de las arterias), diabetes o cáncer de colon. Esta enfermedad tiene un inicio súbito y dramático. La inflamación comienza en el sitio infectado con un tejido de aspecto entre pálido a rojo pardo, muy doloroso y edematizado. Al presionar el área edematizada con los dedos puede percibirse una sensación crepitante por la presencia de gas en el tejido. Es característica la manera como cambian rápidamente las márgenes del área infectada, con expansión del compromiso en tan sólo unos pocos minutos y destrucción completa del tejido afectado. Las especies bacterianas de Clostridium producen diversos tipos de toxinas, cuatro dentro de las cuales (alpha, beta, épsilon, iota) pueden causar síndromes fatales. Son también responsables de producir la muerte tisular (necrosis), destrucción de las células sanguíneas (hemólisis), disminución local de la circulación (vasoconstricción) y filtración en los vasos sanguíneos (aumento en la permeabilidad vascular). Estas toxinas son las que conllevan tanto a la destrucción local de los tejidos como a la aparición de sintomatología sistémica (síntomas que se presentan en todo el cuerpo). Los síntomas sistémicos son de aparición temprana y comprenden sudoración, fiebre y ansiedad. Si el paciente no se trata rápidamente, puede desarrollar un síndrome similar al shock, caracterizado por disminución de la presión sanguínea (hipotensión), insuficiencia renal, coma y finalmente la muerte.
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