El médico preguntará si el niño o el adulto han tenido infecciones del oído e igualmente pedirá una descripción de los síntomas actuales, incluyendo los de resfriados y de alergias que se hayan presentado recientemente. De la misma manera, el médico examinará la garganta, senos paranasales, cabeza, cuello y pulmones del niño. Utilizando un instrumento llamado otoscopio, el médico examina también el interior del oído, y si está infectado es posible detectar áreas en las cuales se experimente matidez o enrojecimiento o puede haber burbujas de aire o de líquido en la parte posterior del tímpano. Este líquido puede ser sanguinolento o purulento (lleno de pus). El médico también busca cualquier signo de perforación (agujero o agujeros) en el tímpano. Si un niño ha presentado infecciones del oído de manera persistente (crónica o recurrente), es posible que se recomiende un examen de audición.
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