Existen dos aspectos por considerar en el tratamiento de una enfermedad de transmisión sexual; especialmente, si se trata de una enfermedad que se propaga tan fácilmente, como la gonorrea. El primer aspecto es la curación de la persona afectada y el segundo aspecto es la localización y examen de todos los otros contactos sexuales para tratarlos y evitar una mayor diseminación de la enfermedad. La notificación obligatoria de la enfermedad mantuvo, hasta hace poco, el número de casos de gonorrea en un nivel bajo; sin embargo, la incidencia está aumentando de nuevo. Durante la guerra del Vietnam, los Estados Unidos comenzaron a observar la aparición de cepas de gonorrea resistentes a las penicilinas y a las tetraciclinas, las cuales habían venido en aumento en los últimos años. Por este motivo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos han recomendado un nuevo esquema de tratamiento estandarizado y en lugar del tratamiento con la penicilina, la gonorrea ahora se trata con un gran número de nuevos y muy potentes antibióticos, como el ceftriaxone y la levofloxacina. En el caso de la gonococcemia, el tratamiento por lo general se inicia con antibióticos intravenosos. Es muy importante que el paciente tenga una consulta de seguimiento para revisar el resultado de los cultivos y confirmar la curación de la infección.
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