La infección por citimegalovirus, también conocido como CMV, es muy común. La mayoría de los adultos tiene anticuerpos contra el CMV en la sangre (indicación de infección previa) a los 40 años. Por lo general el CMV no origina síntomas, pero se pueden presentar serias infecciones de CMV en personas con inmunidad comprometida (huéspedes inmunocomprometidos), tal como aquellas personas con SIDA. Las personas que se someten a quimioterapia, que debilita el sistema inmune, o los que reciben medicamentos inmunosupresores debido a un trasplante de órganos o de médula ósea, también son vulnerables. La retinitis por CMV es una infección seria que causa ceguera y generalmente comienza en un ojo, pero a menudo progresa hasta el otro. Sin tratamiento, la destrucción retinal progresiva lleva a la ceguera en un lapso de 4 a 6 meses. Incluso con tratamiento continuo, la enfermedad puede empeorar y causar ceguera, posiblemente debido a que el virus se vuelve resistente a los medicamentos, de tal forma que ya no son eficaces o debido a que el sistema inmune se ha deteriorado posteriormente. Los pacientes con retinitis por CMV presentan también un 25 a 40% de desprendimiento retinal en proceso, en el cual la retina se desprende de los nervios del ojo, causando ceguera. También se puede presentar la infección sistémica por CMV. Alrededor del 25% de las personas con SIDA desarrollan retinitis por CMV; por lo tanto, con un conteo de CD4 menor a 100 células por mm3 deben ser examinados periódicamente para retinitis, incluso si no presentan los síntomas mencionados atrás. Un individuo HIV positivo que presente trastornos visuales debe buscar atención médica y solicitar que le hagan un examen.
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