El objetivo del tratamiento es curar la infección, usualmente gotas óticas que contienen antibióticos y corticoesteroides que pueden reducir el prurito y la inflamación. En algunas ocasiones, se pueden utilizar otros remedios tales como gotas de ácido acético (vinagre). Si el canal auditivo presenta mucha inflamación, se puede colocar una mota en el oído para facilitar el desplazamiento de las gotas hasta el fondo del canal. Así mismo, el acetaminofén (Tylenol) o el ibuprofeno (Advil, Motrin) pueden aliviar el dolor. En individuos ancianos o diabéticos con dolor de oído o supuración persistentes, la posibilidad es que se trate de una otitis externa maligna. Los oídos deben evaluarse con una TC para buscar erosión del hueso. El tratamiento de la otitis externa maligna se realiza con altas dosis de antibióticos intravenosos efectivos contra la bacteria Pseudomonas aeruginosa.
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