Los trastornos causantes de la demencia son, entre otros, condiciones que deterioran las estructuras vasculares (vasos sanguíneos) o neurológicas del cerebro. Algunas causas de la demencia se pueden tratar e incluyen la hidrocefalia normotensa, los tumores del cerebro, la demencia por causas metabólicas e infecciones. Infortunadamente, la mayoría de los trastornos asociados con demencia son condiciones progresivas, irreversibles y degenerativas. Las dos mayores causas degenerativas de demencia son el mal de Alzheimer, en el cual se presenta una pérdida progresiva de células nerviosas sin una causa y cura conocidas y la demencia vascular, en la cual se presenta una pérdida de la función cerebral debido a una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares. La demencia vascular puede acelerar la progresión del mal de Alzheimer: las condiciones a menudo se presentan juntas y ninguna de las dos se puede diagnosticar definitivamente excepto hasta que se haga la autopsia. La demencia se puede diagnosticar cuando existe deterioro de dos o más funciones del cerebro, inclusive el lenguaje, la memoria, la percepción visual-espacial, la conducta emocional o la personalidad, y las facultades cognoscitivas (tales como cálculo, abstracción o juicio). La demencia usualmente aparece en su fase inicial como mala memoria. Otros síntomas pueden ser aparentes solamente bajo examen neurológico o pruebas cognoscitivas. La demencia progresa lentamente desde disminución de la capacidad para resolver problemas y deterioro de la capacidad lingüística hasta la dificultad para desempeñar las actividades ordinarias diarias, pérdida de memoria severa y desorientación total, con retraimiento de la interacción social.
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