Los objetivos del tratamiento son curar la infección y reducir el progreso de la enfermedad. El tratamiento de la infección reduce el nuevo daño nervioso, pero no cura el daño existente. La penicilina u otros antibióticos, como la doxiciclina, se administran para tratar la infección y es un tratamiento que se puede prolongar para garantizar que la infección se elimine por completo. Es necesario un examen de control del líquido cefalorraquídeo para evaluar la efectividad de la terapia antibiótica. Se requiere tratamiento sintomático para el daño neurológico existente y para controlar las convulsiones es necesaria la terapia de emergencia y los anticonvulsivantes, como la fenitoína. Se puede requerir asistencia o supervisión con actividades tales como comer y vestirse si los pacientes son incapaces de cuidar de sí mismos. La fisioterapia, terapia ocupacional u otras intervenciones pueden ser apropiadas para personas con debilidad muscular.
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