Los objetivos del tratamiento se dirigen a manejar los síntomas inmediatos de la abstinencia para prevenir las complicaciones e iniciar un tratamiento preventivo a largo plazo. Probablemente se requiera que la persona permanezca en el hospital para realizarle una observación constante. Además, se lleva a cabo un control de la frecuencia cardíaca, respiración, temperatura y presión sanguínea, al igual que de los líquidos y electrolitos (químicos en el organismo, tales como el sodio y el potasio). Los síntomas pueden progresar rápidamente y convertirse en una situación potencialmente mortal. Se pueden necesitar drogas depresoras del sistema nervioso central, como los sedantes, a menudo en dosis moderadamente altas, para reducir dichos síntomas. Para el tratamiento, se requiere que la persona esté moderadamente sedada durante una semana o más hasta que se complete el período de la abstinencia. Con frecuencia, se utiliza un tipo de medicamentos conocido como benzodiazepinas para reducir un rango de síntomas. Es aconsejable tener un período de "desalcoholización", por lo que no se permite el consumo de la bebida durante este tiempo. El médico vigilará de cerca para observar si se presentan signos de delirium tremens. Es poco común que ocurran alucinaciones sin que haya otros síntomas de complicaciones y se tratan con hospitalización y medicamentos antipsicóticos, cuando es necesario. También son necesarios los exámenes y el tratamiento para otros problemas médicos asociados con el consumo del alcohol. Dichos trastornos pueden ser, entre otros: enfermedad hepática alcohólica, trastornos en la coagulación de la sangre, neuropatía alcohólica, trastornos cardíacos (tales como cardiomiopatía alcohólica), síndromes cerebrales crónicos (tales como el síndrome de Wernicke-Korsakoff) y desnutrición. Frecuentemente, se recomienda una rehabilitación cuando hay alcoholismo, la cual puede comprender apoyo social, como por ejemplo Alcohólicos Anónimos, medicamentos y terapia del comportamiento.
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