Los queloides a menudo no requieren tratamiento, pero se pueden reducir de tamaño a través de la aplicación de frío (crioterapia), presión externa, inyecciones de corticoesteroides, tratamientos con láser, radiación, o extirpación quirúrgica. No es común la reaparación de los queloides (algunas veces de mayor tamaño) una vez que han sido extirpados. La decoloración, producto de la exposición al sol, puede prevenirse cubriendo el queloide que se está formando con un parche o curita, o usando protectores solares al pasar cierto tiempo bajo el sol (por lo menos durante 6 meses después de una lesión o cirugía en los adultos; hasta 18 meses en los niños).
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