Del 90 al 95% de todos los casos de enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) son causados por los mismos organismos responsables de las enfermedades bacterianas de transmisión sexual (como la clamidia, gonorrea, micoplasma, estafilococo y estreptococo). Aunque la transmisión sexual es la causa más común de esta condición, las bacterias pueden penetrar en el organismo después de una intervención o procedimiento ginecológico, como la implantación de un DIU (dispositivo intrauterino utilizado como anticonceptivo), después de un parto, de un aborto espontáneo (aborto natural), de un aborto electivo o terapéutico o de una biopsia del endometrio. En los Estados Unidos, cerca de 1 millón de mujeres desarrollan EIP anualmente y se estima que 1 de cada 8 adolescentes sexualmente activas desarrollarán esta enfermedad antes de los 20 años. Dado que la enfermedad inflamatoria pélvica generalmente no se diagnostica en forma completa, los datos estadísticos probablemente son más altos de lo estimado. Los factores de riesgo incluyen la actividad sexual durante la adolescencia, los compañeros sexuales múltiples, los antecedentes de EIP, antecedentes de cualquier enfermedad de transmisión sexual (ETS) y el uso de anticonceptivos que no son de barrera. El uso del DIU (dispositivo intrauterino) puede aumentar el riesgo de desarrollo de esta enfermedad en el momento de la inserción. Se cree que en algunos casos los anticonceptivos orales ("la píldora") pueden aumentar el ectropión cervical, una condición que permite un acceso más fácil al tejido donde las bacterias pueden proliferar. Sin embargo, este tipo de anticonceptivos pueden, en otros casos, jugar un papel importante como protección contra la enfermedad pélvica inflamatoria, ya que estimulan en el organismo la producción de un moco cervical más espeso que dificulta la penetración del semen (que puede contener bacterias). Esto dificulta la transmisión de bacterias al útero a través del semen.
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