La menopausia (también llamada "cambio de vida" o climaterio), que ocurre normalmente entre los 40 y 55 años, es un hecho natural en la vida de una mujer y, en promedio, comienza casi a los 51 años. Durante la menopausia, cesa la ovulación (producción de óvulos), eliminando la posibilidad del embarazo, y la menstruación se hace menos frecuente y finalmente se detiene. En algunas mujeres, la actividad menstrual se detiene repentinamente, pero por lo general va disminuyendo poco a poco en cantidad y duración del flujo y frecuentemente los períodos menstruales se hacen más seguidos o más espaciados. Esta irregularidad puede durar por 2 ó 3 años antes de que la menstruación cese por completo. Los síntomas de la menopausia son causados por cambios en los niveles de estrógeno y progesterona. A medida que los ovarios se tornan menos funcionales producen menos estrógeno/progesterona y el cuerpo posteriormente reacciona a ello. Algunas mujeres experimentan pocos síntomas o ninguno, mientras que otras experimentan varios síntomas que van de leves a severos. Esta variación es normal. Una disminución gradual de los niveles de estrógeno permite que el cuerpo se ajuste lentamente al cambio hormonal, pero en algunas mujeres se produce una disminución repentina del nivel de estrógeno, causando síntomas severos. Este resultado se observa cuando la menopausia es causada por la extirpación quirúrgica de los ovarios (menopausia quirúrgica). El estrógeno es responsable de la acumulación del revestimiento epitelial de la cavidad uterina. Durante los años reproductivos, este revestimiento se forma y luego se desprende (menstruación) mensualmente (por lo general). La disminución menopáusica en estrógeno impide que esta formación se produzca. Sin embargo, las hormonas androgénicas producidas por las glándulas suprarrenales se convierten en estrógeno y esto causa algunas veces el sangrado posmenopáusico. Esto no es nada que merezca preocupación, pero el sangrado posmenopáusico puede ser un indicador temprano de otros problemas, incluyendo cáncer, así que éste siempre debe ser controlado por un médico. Una reducción en el estrógeno está asociada con muchos efectos secundarios que pueden ser muy molestos. Los sofocos causados por una liberación súbita (inapropiada) de calor corporal y la resequedad vaginal, causada por el adelgazamiento de los tejidos de la pared vaginal son los dos efectos secundarios más frecuentemente experimentados. Los cambios en el estado de ánimo y la falta de deseo sexual que están asociados algunas veces con la menopausia pueden resultar parcialmente de la disminución de la hormona, pero también pueden ser producto de la incomodidad asociada con los sofocos y la resequedad vaginal. Además de estos dos efectos secundarios, existen otros que se pueden desarrollar durante meses o años. La disminución de los niveles de estrógeno incrementa el riesgo de osteoporosis (pérdida de calcio en los huesos que causa fragilidad ósea), la cual a veces no se detecta hasta que se produce una fractura ósea. La disminución de los niveles de estrógeno que se ve con la menopausia también produce cambios en los niveles de colesterol que pueden aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca de la mujer.
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