Si la enfermedad es leve, se puede tratar en el hogar con medidas de apoyo. Los padres deben mantener la calma, pues esto ayuda al niño a calmarse también. El aire se debe refrescar o calentar, lo que se puede lograr con el vapor de una ducha caliente, dejando al niño en el baño durante unos 20 minutos (sin colocarlo bajo la ducha) para que respire el aire humidificado. Sacar al niño al aire fresco también suele ayudar. Si la enfermedad es grave, se requiere la hospitalización del paciente. La dificultad respiratoria persistente o en aumento, la fatiga, la coloración azulada de la piel o la deshidratación son indicios de la necesidad de asistencia médica o de hospitalización. La epinefrina racémica aeorosolizada y la dexametasona (un esteroide) ayudan a disminuir la inflamación de las vías respiratorias superiores. El oxígeno y la humedad pueden suministrarse mediante una tienda de oxígeno colocada sobre la cama. La infección bacteriana requiere terapia con antibióticos. Si la obstrucción de las vías respiratorias aumenta, es necesario hacer una intubación del paciente (se coloca una sonda a través de la nariz o la boca, pasando de la laringe a la vía respiratoria principal hasta los pulmones). Se deben administrar líquidos intravenosos si hay deshidratación y, en algunos casos, se prescriben corticosteroides.
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