El médico puede diagnosticar una convulsión febril cuando se presenta una convulsión de tipo gran mal en un niño con fiebre y sin antecedentes de trastornos convulsivos (epilepsia). Cuando los bebés y los niños pequeños sufren convulsiones por primera vez, es importante descartar las causas externas de esta convulsión, especialmente la meningitis. En una convulsión febril típica, el examen generalmente no muestra anomalías diferentes a la enfermedad que ocasiona la fiebre y por lo general no se justifica la realización de todos los exámenes complementarios que se hacen normalmente en caso de una convulsión como EEG, TC de la cabeza y punción lumbar (punción espinal). Sin embargo, la condición clínica del niño DEBE cumplir criterios médicos estrictos como los siguientes, en caso de no realizar estos exámenes: - El niño tiene que tener un desarrollo normal
- La convulsión tiene que ser generalizada (no focal, lo cual significa que sólo una parte del cuerpo es afectada por la convulsión)
- No puede durar más de 15 minutos
- El niño sólo puede haber tenido una convulsión febril en 24 horas
- El examen neurológico del niño realizado por un médico tiene que ser normal para que se denomine convulsión febril simple
Es probable que no se requieran estudios adicionales si se cumplen todos estos criterios.
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