Las glándulas salivales se encuentran alrededor de la boca y producen la saliva que humedece los alimentos para ayudar en el proceso de masticación y deglución. La saliva contiene enzimas que comienzan el proceso de digestión. La saliva también ayuda con la limpieza mecánica de la boca, eliminando las bacterias y partículas de alimentos. La saliva mantiene la boca húmeda y ayuda a que las dentaduras postizas y los aparatos ortopédicos (los frenillos) permanezcan en su lugar. Hay tres pares de glándulas salivales: las glándulas parótidas, que son las dos más grandes, se encuentran una en cada mejilla sobre el ángulo de la mandíbula y en frente de las orejas; dos glándulas submandibulares que se encuentran en la parte de atrás de la boca y a ambos lados de la mandíbula; y dos glándulas sublinguales que se encuentran debajo del piso de la boca. Todas estas glándulas salivales secretan saliva en la boca a través de los conductos que se abren en distintos lugares de la misma. La parotiditis es una inflamación en una o en ambas glándulas parótidas. La infección de las glándulas salivales es algo común. Las infecciones virales, como las paperas tienden a afectar las glándulas salivales (las más afectadas por las paperas son las parótidas). Esta manifestación de la parotiditis es hoy en día mucho menos frecuente en niños gracias a la inmunización SPR vacuna. Las infecciones bacterianas generalmente son el resultado de una obstrucción (como es el caso de los cálculos/piedras en el conducto salivar) o de una higiene oral deficiente.
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