El propósito del tratamiento es curar la infección y aliviar los síntomas. El médico puede prescribir antibióticos si la persona presenta fiebre. Una buena higiene oral es vital para el tratamiento de la boca de trinchera. Se debe realizar un cepillado meticuloso de los dientes y una limpieza con seda dental, con la mayor frecuencia posible, al menos dos veces al día y preferiblemente después de cada comida y al momento de acostarse. Los enjuagues con agua salada (media cucharadita de sal en una tasa de agua) pueden aliviar el ardor en las encías. Se recomienda el peróxido de hidrógeno (agua oxigenada), que se utiliza para enjuagar o irrigar las encías, con el fin de eliminar el tejido gingival descompuesto. Los calmantes para el dolor (analgésicos) se pueden usar para reducir la molestia. Los enjuages calmantes o agentes protectores pueden reducir el dolor especialmente antes de comer y, en caso de dolor severo, se puede usar lidocaína viscosa. Una vez que las encías estén menos sensibles, se recomienda una visita al odontólogo o a un profesional en higiene oral para una limpieza dental profesional y eliminación de la placa. Igualmente, se puede recomendar una limpieza y examen dentales regulares y frecuentes hasta que desaparezca el trastorno. Es posible que el paciente necesite instrucciones sobre la buena higiene oral, métodos para dejar de fumar, reducción del estrés u otras medidas para evitar la recurrencia de esta condición. Asimismo, a la persona se le aconseja la forma de mantener una buena salud general, incluyendo una buena nutrición y reposo balanceado con ejercicios. Se deben evitar los irritantes, como el cigarrillo y los alimentos picantes y calientes.
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