Cuando una arritmia es seria y no es bien tolerada por la persona, es posible que no haya suficiente flujo sanguíneo del corazón hacia los órganos vitales como el cerebro, los riñones y el corazón mismo. En dichos casos, el tratamiento es urgente y puede incluir "shock" eléctrico (desfibrilación o cardioversión), la implantación de un marcapasos temporal para interrumpir la arritmia mediante ritmo rápido (supresión por exceso) o la administración de medicamentos intravenosos. Para el tratamiento a largo plazo de las arritmias pueden ser necesarios medicamentos diarios, entre los que se incluyen antiarrítmicos, los que se encargan de acelerar o disminuir el ritmo cardíaco y otros. Durante la década anterior, las arritmias potencialmente mortales se trataron cada vez más con un procedimiento consistente en la implantación de un desfibrilador-cardioversor implantable (DCI). Tan pronto comienza la arritmia, el DCI puede detectarla y enviar un shock eléctrico automático para finalizarla o puede activar una función de marcapasos para sobrecargar la arritmia. Algunos pacientes pueden cumplir con los requisitos para someterse a un procedimiento denominado ablación por catéter con radiofrecuencia, que puede curar muchas arritmias supraventriculares paroxísticas, así como algunas arritmias ventriculares y se lleva a cabo en el momento de un estudio electrofisiológico.
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