Los tumores óseos pueden aparecer en áreas de crecimiento rápido, pero su causa se desconoce. Sin embargo, se plantean algunas causas posibles, entre otras mutaciones hereditarias, traumas e irradiación, pero en la mayoría de los casos no se encuentra una causa específica. Los tumores óseos pueden ser benignos o malignos. Los osteocondromas son los tumores óseos benignos más comunes y suelen aparecer entre los 10 y los 20 años de edad. Algunos de los tumores benignos tienen remisión (desaparición) espontánea, no requieren tratamiento y se los monitorea periódicamente mediante radiografías. Los tumores óseos malignos aparecen como tumor óseo primario o como metástasis (cáncer propagado) desde otra área del organismo. Los tumores óseos primarios son poco frecuentes (menos de un 1% de todos lo tumores malignos) y son más comunes en el hombre joven. Los tumores óseos malignos son los osteosarcomas, los sarcomas de Ewing, fibrosarcomas y condrosarcomas. Los cánceres más comunes que se diseminan al hueso son: cáncer de mama, cáncer pulmonar, cáncer de próstata, cáncer renal, y cáncer tiroideo, los cuales suelen afectar a personas mayores. El cáncer óseo alguna vez fue prevalente en individuos que pintaban con radio sobre la esfera de los relojes (para producir brillo en la oscuridad), una práctica que fue abandonada a mediados de siglo 20. El pintor "mojaba" la punta del pincel con su lengua para producir un trabajo fino y absorbía cantidades diminutas de radio que se depositaban en el hueso y producían cáncer. La incidencia del cáncer óseo también aumenta cuando hay antecedentes familiares de síndromes cancerígenos y en los niños, dicha incidencia es aproximadamente de unos 5 casos por millón de niños por año.
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