Los riñones son muy sensibles a la cantidad de flujo sanguíneo que pasa a través de ellos y cualquier reducción en la arteria renal puede deteriorar su función. Generalmente, la obstrucción total del flujo sanguíneo ocasiona una falla permanente del riñón. La falta de funcionamiento de uno de los riñones puede que no cause síntomas, ya que el segundo riñón filtra adecuadamente la sangre; no obstante, puede presentarse hipertensión. Si no hay un segundo riñón funcional, la obstrucción de la arteria renal puede provocar síntomas de insuficiencia renal aguda. La oclusión arterial aguda del riñón puede ocurrir después de una lesión o trauma en el abdomen, el costado u ocasionalmente la espalda. Los émbolos (coágulos de sangre que viajan a través del torrente sanguíneo) pueden alojarse en la arteria renal. El riesgo de émbolos aumenta si hay una historia de ciertos trastornos cardíacos como estenosis mitral o fibrilación auricular. Los individuos con trastornos de hipercoagulación pueden ser particularmente vulnerables a las oclusiones agudas de la arteria renal. Ocasionalmente, la estenosis de la arteria renal o la enfermedad ateroembólica renal (los efectos de la aterosclerosis sobre el riñón) pueden causar una trombosis súbita (coágulo) de la arteria renal.
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