El tratamiento también depende de si el tumor es benigno o maligno y de su ubicación en el cuerpo. Si el tumor es benigno (es decir que no tiene el potencial de diseminarse) y está ubicado en un área "segura" en la cual no ocasiona síntomas ni interrumpe el funcionamiento normal del órgano, algunas veces no se necesita tratamiento. Sin embargo, en algunas ocasiones, los tumores benignos se extirpan por razones cosméticas. Si el tumor es maligno, el tratamiento incluye cirugía, radiación, quimioterapia o una combinación de estos métodos. Si el cáncer está confinado a un sólo lugar, el objetivo del tratamiento es la extirpación quirúrgica del tumor y la sanación. Si el tumor se ha diseminado únicamente a ganglios linfáticos locales, estos pueden también algunas veces extirparse. Si el cáncer no se puede extirpar en su totalidad quirúrgicamente, entonces las opciones de tratamiento son la radiación, la quimioterapia o ambas. En algunos pacientes es necesario realizar una combinación de cirugía, radiación y quimioterapia. En contraste, el linfoma generalmente no se trata con cirugía ni quimioterapia, sino con radioterapia.
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