Existen dos cepas diferentes del virus del herpes simple. El virus del herpes simple tipo 1 (HVS-1) que usualmente está asociado con las infecciones de los labios, la boca y la cara. Es el herpes simple más común entre la población en general y se adquiere usualmente durante la niñez. Con frecuencia causa lesiones dentro de la boca como herpes labial o ampollas febriles y se trasmite por contacto con saliva infectada. Hasta el 90% de las personas desarrollan anticuerpos contra el virus del herpesvirus simple tipo 1 (HSV-1) en la adultez. El virus del herpes simple tipo 2 (HVS-2) se transmite por contacto sexual y se asocia generalmente con úlceras o llagas en los genitales; sin embargo, algunas personas pueden tener este virus sin haber desarrollado ninguno de estos síntomas. Hasta el 20 al 30% de los adultos en los Estados Unidos presentan anticuerpos contra este virus. La infección cruzada de los virus tipo 1 y 2 puede ocurrir a causa del sexo orogenital. Además de las lesiones orales y genitales, el virus también puede llevar a complicaciones como meningoencefalitis (infección del revestimiento interno del cerebro y el cerebro mismo) o puede causar una infección ocular (en particular la conjuntiva y la córnea). Una infección de un dedo de la mano, llamada panadizo herpético, es otro tipo de infección por herpes que, por lo general, afecta a los médicos (debido a que están expuestos a las secreciones bucales durante los procedimientos) y a los niños más pequeños. El virus del herpes puede también infectar al feto causándole anomalías congénitas e igualmente se puede trasmitir a un recién nacido durante el parto vaginal si la madre está infectada con dicho virus (en especial si la madre tiene infección activa en el momento del parto, puede haber trasmisión en una proporción más baja sin lesiones visibles). El virus se puede trasmitir incluso cuando no hay presencia de síntomas o lesiones visibles y, una vez que se ha adquirido, se extiende a las células nerviosas y permanece inactivo. Luego puede reactivarse de manera intermitente y causar síntomas (manifestación súbita). La recurrencia se puede precipitar a causa de la sobreexposición a los rayos del sol, por fiebre, por estrés, enfermedades agudas y medicamentos u otras condiciones que debiliten el sistema inmune (como cáncer, VIH/SIDA y el uso de corticosteroides).
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