La aspergilosis es causada por un hongo (Aspergillus) que suele crecer en hojas muertas, granos almacenados u otra vegetación en descomposición. La enfermedad puede manifestarse de tres maneras: como una reacción alérgica en las personas que sufren de asma (aspergilosis pulmonar del tipo broncopulmonar alérgico); como una colonización y un crecimiento en una cavidad pulmonar vieja ya sanada de una enfermedad previa, tal como una tuberculosis o un absceso pulmonar, donde produce una bola de hongo denominada aspergiloma; y como una infección invasiva con neumonía que se extiende a otras partes del organismo por el torrente sanguíneo (aspergilosis pulmonar del tipo invasivo). La infección invasiva puede afectar los ojos y causar ceguera, y además puede afectar otras partes del cuerpo, en especial el corazón, pulmones, cerebro y riñones. La tercera manifestación es casi exclusiva de las personas inmunosuprimidas debido a cáncer, SIDA, leucemia, trasplante de órganos, altas dosis de cortisona, quimioterapia o por una enfermedad que reduzca el número de glóbulos blancos normales.
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