La sífilis es una enfermedad infecciosa causada por la espiroqueta Treponema pallidum, la cual penetra en la piel lesionada o las membranas mucosas. Su transmisión se presenta con más frecuencia por contacto sexual y se puede también transmitir al feto durante cualquier etapa del embarazo. Esta enfermedad se ha propagado en los Estados Unidos y afecta principalmente a adultos sexualmente activos entre 20 y 29 años de edad. La sífilis tiene varias etapas. En la etapa primaria, aparecen úlceras indoloras llamadas chancros de 2 a 3 semanas después de la primera exposición. Es posible que algunas personas con sífilis primaria no se percaten de los chancros ni tengan síntomas asociados con los mismos, en especial si los chancros están ubicados en el recto o el cérvix. Dichos chancros suelen desaparecer en un período de 4 a 6 semanas. Aproximadamente, un tercio de las personas no tratadas progresan a la segunda etapa de la enfermedad, la sífilis secundaria, la cual suele presentarse de 2 a 8 semanas después de la aparición de las primeras lesiones que, en algunos casos, pueden aún seguir presentes. La sífilis secundaria es la etapa en la cual las bacterias se han extendido al torrente sanguíneo logrando su más alto número. Los síntomas más comunes son: erupción en la piel, cuya apariencia puede variar y con frecuencia involucra las palmas de las manos y las plantas de los pies; además de lesiones en la boca, vagina y pene (parches en la mucosa); inflamación de los ganglios linfáticos y fiebre. Esta es la etapa más contagiosa de la enfermedad y su resolución usualmente dura desde semanas hasta un año; luego le sigue una fase latente asintomática, que se puede prolongar por años. La etapa final es llamada sífilis terciaria (sífilis terciaria) y se caracteriza por comprometer el cerebro o el sistema nervioso central (neurosífilis), el compromiso cardiovascular con inflamación de la aorta (aortitis o aneurismas) y sífilis gomosa (lesiones destructivas de la piel y los huesos).
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