La fiebre Q se encuentra en todo el mundo y es causada por la bacteria Coxiella burnetii que afecta ovejas, cabras, vacas, gatos, pájaros, roedores y garrapatas, al igual que algunos animales. Los animales infectados expulsan esta bacteria en la orina, los excrementos, productos del parto y la leche. Generalmente, los humanos adquieren la fiebre Q al inhalar gotitas contaminadas expulsadas por los animales infectados. El consumo de la leche no pasteurizada también se ha asociado con la infección en pocos casos. Las personas que se encuentran en un riesgo más alto de contraer la infermedad son los veterinarios, los granjeros, quienes trabajan con ganado bovino y lácteos, al igual que quienes trabajan con este organismo en los laboratorios. El período de incubación, es decir el tiempo para desarrollar los síntomas, para el estado inicial de la fiebre Q aguda es de aproximadamente 20 días. Los tres tipos principales de síntomas de la fiebre Q aguda incluyen: el síndrome similar a una gripe, que por lo general se resuelve espontáneamente, pues dura hasta tres semanas y puede involucrar fiebre alta, dolores de cabeza y dolores musculares; la neumonía y la hepatitis. La neumonía se puede presentar hasta en una tercera parte de los individuos y la mayoría de los casos son relativamente leves e incluyen fiebre, tos, aunque se han notificado algunos casos graves. La hepatitis, que es otra consecuencia común de la fiebre Q, se puede presentar sola o simultánea con la neumonía. Otras características menos comunes de la fiebre Q aguda son erupciones cutáneas, meningitis, miocarditis (inflamación de los músculos del corazón) y pericarditis (inflamación de la membrana que rodea el corazón). La fiebre Q crónica se desarrolla en individuos que han estado infectados durante más de seis meses y su característica principal es la infección de las válvulas del corazón, endocarditis. Entre las personas que se encuentran en un riesgo más alto de contraer la enfermedad están aquellos con anomalías subyacentes de las válvulas del corazón, al igual que las personas con sistemas inmunes débiles. Otras características menos comunes son la infección de aneurismas, disfunción hepática, (cirrosis), y cicatrización pulmonar (fibrosis intersticial pulmonar).
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