Las futuras madres que sufren de sífilis pueden transmitir la enfermedad a través de la placenta al bebé. La sífilis congénita es una condición grave, incapacitante y a menudo potencialmente mortal para el bebé y cerca de la mitad de todos los niños infectados con esta enfermedad durante la gestación mueren poco antes o después del parto. Los niños que sobreviven desarrollan síntomas de sífilis en etapa temprana o sífilis tardía. Los síntomas de la sífilis temprana son irritabilidad, retraso del desarrollo y fiebre inespecífica. Algunos bebés desarrollan una erupción o lesiones (úlceras) en los bordes de la boca, el ano y los genitales (denominadas condiloma lato). Algunas se asemejan a las lesiones tipo verruga de la sífilis en adultos. Un pequeño porcentaje de niños tienen secreción nasal sanguinolenta (romadizo) y una nariz en silla de montar. Las lesiones óseas son comunes, en especial en la parte superior de los brazos (húmero). Los signos tardíos aparecen como anomalías dentales (dientes de Hutchinson), cambios óseos (espinillas en forma de sable), compromiso neurológico, ceguera y sordera. A pesar del hecho de que la sífilis se puede curar con antibióticos si se detecta de manera temprana, su creciente tasa de incidencia entre las mujeres embarazadas en los Estados Unidos ha incrementado el número de niños que nacen con sífilis congénita.
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