La septicemia es una infección grave potencialmente mortal que progresa rápidamente y que puede surgir de infecciones en todo el cuerpo como infecciones en los pulmones, abdomen y tracto urinario. Puede preceder o coincidir con infecciones óseas (osteomielitis), del sistema nervioso central (meningitis) u otros tejidos. La septicemia puede conducir rápidamente a un shock séptico y a la muerte y, asociada con algunos organismos como el meningococo, puede provocar shock, insuficiencia suprarrenal y coagulopatía intravascular diseminada, un trastorno denominado síndrome de Waterhouse-Friderichsen. El inicio de la septicemia se anuncia con picos febriles, escalofríos, frecuencia cardíaca y respiratoria aceleradas, apariencia externa de estar seriamente enfermo (tóxico) y sensación de muerte inminente. Estos síntomas avanzan rápidamente hacia un shock, con disminución en la temperatura corporal (hipotermia), descenso de la presión arterial, confusión u otros cambios en el estado mental y anomalías en la coagulación que se evidencian por lesiones hemorrágicas en la piel (petequia y equimosis).
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