Se cree que las garrapatas hembra, tanto las de cuerpo suave como las de cuerpo duro, producen una neurotoxina capaz de causar parálisis en los niños. Las garrapatas se adhieren a la piel para alimentarse de sangre y es durante este proceso que la toxina penetra el torrente sanguíneo. La parálisis resultante es ascendente (comenzando en la parte inferior del cuerpo y avanzando hacia arriba), similar a la observada en el síndrome Guillain-Barré y distinta a la observada en el botulismo y al envenenamiento paralítico por mariscos (descendente). Los niños afectados presentan una marcha inestable (ataxia) seguida varios días después por debilidad en las extremidades, que gradualmente asciende hasta afectar las extremidades superiores. La parálisis puede causar la pérdida de la capacidad respiratoria y se puede necesitar respiración artificial.
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