La poliomielitis es una enfermedad contagiosa causada por la infección con el poliovirus, el cual se transmite por contacto directo de persona a persona, por contacto con las secreciones infectadas de la nariz o la boca o por contacto con heces infectadas. El virus entra a través de la boca y la nariz, se multiplica en la garganta y en el tracto intestinal donde es absorbido y se disemina a través de la sangre y el sistema linfático. Finalmente, el período de incubación dura de 5 a 35 días con un promedio de 7 a 14 días. Los riesgos son, entre otros: - Falta de inmunización contra la poliomielitis
- Viajar a áreas en donde se haya presentado una epidemia
- Estar en estado de embarazo
- Haber sufrido un trauma en la boca, la nariz o la garganta como una tonsilectomía reciente o una cirugía dental
- Haber estado sometido a situaciones de estrés o esfuerzo físico inusual después de estar expuesto al poliovirus (el estrés emocional y físico pueden debilitar el sistema inmune)
La polio se presenta en todas partes del mundo. Sin embargo, en los últimos años no se ha reportado ningún caso en los Estados Unidos (el último reportado a causa de la falta de inmunización fue en 1979). Se ha informado de algunos casos en el hemisferio occidental. Anteriormente los principales afectados por esta enfermedad eran los bebés y los niños, pero en la actualidad son más frecuentes los casos en personas mayores de 15 años y es más común durante el verano y el otoño. Los adultos y las mujeres jóvenes tienen más probabilidad de infectarse, pero cuando la infección se produce en hombres jóvenes, la posibilidad de que se presente la parálisis es mayor. Entre 1840 y 1950, la poliomielitis fue una epidemia mundial, pero desde que se desarrollaron las vacunas contra la polio, la incidencia se ha reducido. Las epidemias todavía ocurren generalmente en grupos no inmunizados.
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