Anualmente, casi un millón de adolescentes (el 10% de todas las mujeres entre 15 y 19 años y el 19% de todas aquellas que han tenido relaciones sexuales) quedan embarazadas. Los puntos en debate acerca del embarazo en la juventud son numerosos, políticamente controvertidos y tienen un gran significado emocional. Además de analizar la causa obvia, la cual consiste en tener relaciones sexuales sin utilizar métodos anticonceptivos adecuados durante la adolescencia, se deben analizar muchos otros factores. Debido a que ningún método anticonceptivo es 100% seguro, la abstinencia es la única forma de prevenir el embarazo. Las estadísticas muestran que el 24% de las chicas y el 27% de los chicos estadounidenses han tenido relaciones sexuales antes de la edad de 15 años y el porcentaje aumenta a un 66% con respecto a los adolescentes solteros que, a la edad de 19 años, ya tienen vida sexual. Los estudios muestran que a la edad de 20 años el 77% de las mujeres y el 85% de los hombres estadounidenses son sexualmente activos. Las razones por las cuales los adolescentes no adoptan métodos efectivos de anticoncepción en las prácticas sexuales es un tema de gran debate. A continuación se citan algunas de ellas: · Los adolescentes adquieren su madurez (fertilidad) aproximadamente cuatro o cinco años antes de alcanzar su madurez emocional. · En la actualidad los adolescentes se están desarrollando en una cultura donde sus amigos, la televisión, las películas, la música y las revistas generalmente transmiten mensajes directos o indirectos, en los que se sugiere que las relaciones prematrimoniales (específicamente las que los comprometen) son comportamientos comunes, aceptados y en ocasiones, esperados de ellos. · El hogar, la escuela, y otros ámbitos de la comunidad generalmente no brindan ningún tipo de educación acerca de los comportamientos sexuales responsables y no dan información clara y específica con respecto a las consecuencias de las relaciones sexuales (el embarazo, las enfermedades de transmisión sexual y los efectos sicosociales). Por lo tanto, la mayor parte de esta "educación sexual" está llegando a los adolescentes a través de los compañeros mal informados o no informados. · Los adolescentes que eligen una vida sexual activa están frecuentemente limitados en sus opciones anticonceptivas por las influencias de sus compañeros, de sus padres, por factores financieros, culturales, políticos y por restricciones propias de su nivel de desarrollo (es decir por alcanzar la madurez física antes que la emocional). La incidencia del embarazo en la adolescencia ha declinado desde que alcanzó su punto más alto en 1990, debido en gran parte al uso de condones. En 1996 se presentaron 506.800 nacimientos de bebés vivos de madres adolescentes, mientras que en 1990 hubo 521.826. Lo cual corresponde a 97 embarazos por 1.000 mujeres entre 15 y 19 años en 1996, comparado con 117 embarazos por 1.000 mujeres en 1990. El 25% de todas esas madres adolescentes tienen un segundo hijo a los dos años después del primero. En comparación con otros países industrializados, los Estados Unidos tiene las tasas más altas de embarazos, abortos y nacimientos entre los adolescentes, a pesar de que los demás países tienen tasas mayores de actividad sexual. Una adolescente sexualmente activa que no usa ningún método anticonceptivo, tiene el 90% de probabilidad de quedar en embarazo en un período de un año. De todos esos embarazos, el 78% son no planeados, correspondiendo al 25% de todos los embarazos no planeados. Se estima que en los Estados Unidos, el 40% de las mujeres de raza blanca y el 64% de las mujeres de raza negra han tenido por lo menos un embarazo a la edad de 20 años. Dentro de los factores potenciales de riesgo de embarazo en las adolescentes se incluyen las salidas tempranas (las citas a la edad de 12 años están relacionadas con una posibilidad del 91% de tener relaciones sexuales antes de los 19 años y las citas a la edad de 13 se asocian con una probabilidad del 56% de actividad sexual durante la adolescencia), el consumo prematuro de alcohol, derivados del tabaco y/u otras drogas, incluso los productos del tabaco, la deserción escolar, la falta de grupos de apoyo, de amigos y de participación en actividades escolares, familiares o comunitarias; la percepción baja o nula de oportunidades para el éxito personal, la vida en comunidades o la asistencia a escuelas en donde la procreación a una edad temprana es común y vista como norma y no como un tema de preocupación; crecer en condiciones de pobreza, haber sido víctimas de abuso sexual o el ser hija de una madre que tuvo su primer parto a una edad de 19 o siendo aún más joven.
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