El abuso físico es una situación que puede presentarse en todas las clases sociales, aunque es más común entre los pobres debido a que viven bajo un gran estrés y carecen de control sobre las circunstancias estresantes. El abuso usualmente se presenta en situaciones de gran estrés, que hacen que toda la furia de la persona recaiga en el niño. Muchos de quienes cometen abuso tienen antecedentes de haber sufrido el mismo tipo de agresión durante su infancia y no tienen conciencia de que el abuso no es la forma apropiada de disciplina. Los abusadores, a menudo, también tienen muy poca capacidad de controlar sus impulsos, lo cual evita que piensen en las consecuencias de sus actos. Obviamente, debido a las diferencias relativas de tamaño y fuerza entre adultos y niños, estos últimos suelen sufrir graves lesiones que pueden incluso causarles la muerte. Un tipo de abuso son las sacudidas a las que el bebé es sometido durante el ataque, las que causan hemorragias intracerebrales (hematoma subdural), las cuales pueden causar daño cerebral permanente y hasta la muerte (síndrome del bebé sacudido). La incidencia del abuso a menores es significativamente alta. El promedio total de niños afectados por abuso, se estima en 25,2 por cada 1.000 niños: 5,7 por cada 1.000 corresponden a abuso físico; 2,5 por 1.000 a abuso sexual; 3,4 por 1.000 a abuso emocional; y una vasta mayoría de 15,9 por cada 1.000 al rechazo. La mayoría de estas categorías, por supuesto, se superponen, el abuso sexual y el físico usualmente ocurren al mismo tiempo; y el abuso físico o el rechazo casi siempre están relacionados con el abuso emocional. Estos porcentajes pueden ser bajos debido a los errores a la hora de diagnosticarlos o denunciarlos. Entre los factores de riesgo se incluyen la pobreza, la falta de educación, ser hijos de padres solteros, el abuso de sustancias como las drogas y el alcohol y un sinnúmero de factores.
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