El sarampión es causado por un virus. La infección se propaga por las gotitas nasales, bucales o de la garganta de una persona infectada y la incubación es de 8 a 14 días antes de la aparición de los síntomas. La inmunidad a la enfermedad se logra con la vacunación o después de una infección activa. Antes de que la inmunización se generalizara, el sarampión era una enfermedad tan común en los niños que la mayoría de población ya había estado infectada a la edad de 20 años. En Estados Unidos y Canadá, el sarampión ha desaparecido casi por completo, después de que la vacunación se generalizara, pero recientemente las tasas han aumentado de nuevo. Algunos padres se rehúsan a hacer vacunar a sus hijos debido al temor de que la vacuna contra el sarampión, paperas y rubéola les cause autismo. Sin embargo, en grandes estudios realizados en miles de niños no se ha encontrado conexión entre la vacuna y el desarrollo de esta condición, pero sí se ha encontrado que las bajas tasas de vacunación pueden ocasionar brotes de sarampión, paperas y rubéola, lo cual puede ser grave.
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