La enfermedad es causada por un virus que se propaga a través del aire o por contacto directo; también puede ser transmitida de la madre con infección activa al feto causándole enfermedad severa. Esta condición suele ser leve en niños y adultos e incluso puede pasar inadvertida. En los niños se presentan pocos síntomas, pero los adultos pueden experimentar fiebre, dolor de cabeza, malestar y secreción nasal antes de la aparición de la erupción. Una persona puede transmitir la enfermedad desde 1 semana antes de la aparición de la erupción hasta 1 ó 2 semanas después de su desaparición. La enfermedad es menos contagiosa que el sarampión. La inmunidad es permanente después de haber sufrido la enfermedad y existe una vacuna segura y efectiva para la prevención de la rubéola. La rubéola es potencialmente peligrosa por la capacidad de producir defectos en el feto en desarrollo si la madre está infectada al principio del embarazo. El síndrome de rubéola congénita se presenta en un 25% o más de niños nacidos de madres que han sufrido rubéola durante el primer trimestre del embarazo. Los defectos son raros si la infección se presenta después de la vigésima semana de embarazo. En un feto infectado se pueden presentar uno o dos defectos que pueden ser sordera, cataratas, microcefalia, retardo mental, problemas congénitos del corazón entre otros. Igualmente, se puede presentar aborto o parto de mortinato. Los factores de riesgo comprenden falta de inmunización y exposición a un caso activo de rubéola.
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