Las rabietas o "berrinches" son parte del aprendizaje natural durante el desarrollo infantil y usualmente comienzan entre las edad de 12 a 18 meses, alcanzando su punto máximo entre los 2 y 3 años, disminuyendo rápidamente hasta la edad de 4 años después de la cual casi no se deben volver a presentar. Las primeras rabietas son intentos de exteriorizar la insatisfacción o frustración y cuando son repetitivas corresponden a un comportamiento aprendido. Cuando las rabietas duran de un cuarto a media hora o más, se puede tratar de un problema médico o psicológico que se le debe comentar al médico para que se le preste la debida atención. Los niños aprenden rápidamente la efectividad de las rabietas, por lo tanto éstas deben tratarse como un comportamiento indeseable. El _aislamiento temporal_ es una intervención muy efectiva. Cuando los padres _ceden_ o cumplen con las demandas del niño, éste aprende que el comportamiento es efectivo y exitoso; pero si los padres tratan las rabietas como comportamientos indeseables, el niño aprende que dicho comportamiento es inútil y que los resultados y las consecuencias son negativos.
|