Es una conexión anormal entre un órgano, un vaso o el intestino y otro órgano, vaso, intestino o la piel. Se puede pensar en ellas como conductos que conectan las estructuras tubulares internas como las arterias, las venas o los intestinos a sus similares o a la piel. Generalmente son el producto de traumas o cirugías, pero también de infecciones e inflamaciones. Por ejemplo, la enfermedad intestinal inflamatoria, como la colitis ulcerativa o la enfermedad de Crohn, conduce a la formación de fístulas entre dos asas intestinales (fístula entero-entérica) o entre un asa intestinal y la piel (fístula enterocutánea), mientras que el trauma puede generar la aparición de fístulas entre arterias y venas (fístulas arteriovenosas).
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